sábado


Viaje al fondo del océano
1.700 científicos de 73 países investigan la amplia y desconocida diversidad marina


Se trata del proyecto Censo de la Vida Marina asociado a la ONU. Su misión, evaluar y explicar la diversidad, distribución y riqueza de la vida en los océanos. Y es que conocemos más sobre la luna que el 70% de nuestra tierra cubierta por agua. Por debajo de los 2.000 metros, la luz desaparece y un mundo de oscuridad se abre ante el desconocimiento humano.

Los biólogos y científicos en la materia han señalado cuatro zonas o áreas marinas para el estudio de este amplio ecosistema: el margen continental (zona cercana a la costa donde habita la mayor parte la fauna y flora marina), la plataforma continental (comprendida de la línea costera hasta dos kilómetros mar adentro y 200 metros de profundidad), la zona batial (que abarca entre los 200 y 2.000 metros de profundidad donde empieza la perpetua oscuridad) y la zona abisal (entre los 2.000 y 11.000 metros de profundidad.) Esta última se caracteriza por las condiciones extremas de vida en el que viven seres de increíble apariencia.


Como salidos de una pesadilla, estos animales viven con temperaturas inferiores a cero grados centígrados, niveles de presión de entre 2.000 y 1.100 atmósferas (unidad de presión ejercida por la atmósfera terrestre sobre el nivel del mar), escasez de oxígeno y carencia absoluta de luz. Estas condiciones hacen que su apariencia física sea completamente distintas a las que estamos acostumbrados. El pez demonio (Chauliodus sloani) por ejemplo, vive entre los 500 y 3.000 metros de profundidad. Presenta una cabeza enorme con ojos amarillentos y afilados dientes transparentosos de gran tamaño. Puede llegar a medir unos 25 centímetros de longitud y atrae a sus presas emitiendo una hipnotizante luz violeta a través de los órganos luminosos situados a sus lados. Una vez que captura a su presa, dilata la mandíbula tragándola entera.

La luz, una arma eficaz

Otros peces como los de la familia Malacosteidae, son capaces de producir luz roja. Esta capacidad, al principio poco interesante, le otorga una gran ventaja en el fondo del océano donde la mayoría de los organismos abisales solamente son sensibles a la luz azul. Esta característica de las profundidades oceánicas, responde a que la onda de luz azul-verde se transmite más lejos en el medio acuático. El hecho de que un pez a estas profundidades sea capaz de producir y ver una onda de luz de otro color, le permite avistar a posibles presas sin que estos, ciegos, sean consciente del peligro.

Sin embargo, la luz no sólo se utiliza como herramienta de caza. Por lo general, los peces capaces de producir su propia luz son capaces de encenderla y apagarla hasta 75 veces por minuto como estrategia defensiva. Esto hace que el cazador sea incapaz de atrapar un pez entre un grupo que hacen parpadear sus luces frenéticamente. El pobre quedaría deslumbrado en poco tiempo.

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